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Después de la regularización en España puede aumentar la presión para expulsar, pero hay que distinguir entre expedientes, órdenes y expulsiones ejecutadas
Yo quiero hablar de este tema con seriedad, porque aquí se mezclan demasiadas cosas y luego la gente termina más confundida que informada.
Cuando yo digo que, después de esta regularización, puede venir una etapa de mayor presión migratoria, no estoy diciendo una barbaridad ni estoy intentando asustar a nadie. Lo que estoy diciendo es que, históricamente, regularizar no ha significado que desaparezcan las expulsiones. Y tampoco ha significado que todo el que se quede fuera pueda seguir tranquilo como si no pasara nada.
Ahora bien, también hay que hablar con precisión. Porque no es lo mismo un expediente de expulsión, una orden de salida o una expulsión ejecutada. Y si mezclamos todo, acabamos diciendo cosas que no son exactas.
Por eso, en este artículo yo quiero dejar clara una idea: después de una regularización puede aumentar la presión administrativa sobre quien sigue en situación irregular, pero eso no significa automáticamente que todas esas personas vayan a ser expulsadas de forma efectiva.
Lo primero: no todo es lo mismo
Aquí hay tres niveles que conviene separar.
Expediente de expulsión
Es el procedimiento administrativo que se inicia contra una persona extranjera. Que exista un expediente no significa todavía que la persona haya sido expulsada.
Orden de salida o resolución
Es la decisión administrativa que puede acordar la salida del territorio. Tampoco significa, por sí sola, que la expulsión se haya materializado.
Expulsión ejecutada
Éste sí es el dato final: cuando la repatriación o salida forzosa se ha llevado a cabo de verdad.
Y esta diferencia importa muchísimo. Porque en España se pueden iniciar muchísimos procedimientos y, sin embargo, ejecutar solo una parte pequeña. De hecho, EFE explica que Interior no publica de forma abierta el número de expedientes iniciados, aunque fuentes policiales hablan de alrededor de 160.000 al año en la actualidad, mientras que las expulsiones efectivamente ejecutadas son muchísimas menos.
Qué pasó después de la gran regularización de 2005
La gran regularización de 2005, impulsada bajo el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, permitió regularizar a 576.506 personas. Eso está fuera de discusión. Pero una regularización de ese tamaño no significó el fin de la maquinaria sancionadora. Más bien convivió con ella.
Si miramos las expulsiones ejecutadas, los balances del Ministerio del Interior muestran lo siguiente:
2005: 11.002 expulsiones. El propio balance oficial indica que ese año las expulsiones disminuyeron un 17,25% respecto de 2004, cuando habían sido
2006: 7.214 expulsiones.
2007: 9.467 expulsiones. El Ministerio del Interior señaló que aumentaron un 31,2% respecto de 2006.
2008: 10.616 expulsiones.
2009: 13.278 expulsiones. El balance oficial de 2009 recoge esa cifra de forma expresa.
Y todavía hay un dato más importante. Un análisis de El País basado en cifras del Ministerio del Interior sostiene que el Gobierno de Zapatero ejecutó al menos 74.389 expulsiones entre 2005 y 2011, siendo el periodo con mayor número de expulsiones desde que existen registros digitalizados comparables. :
Qué lectura hago yo de esas cifras
Yo aquí sería muy prudente con la causalidad. No sería serio decir que “la regularización provocó por sí sola el aumento de expulsiones”. Eso no se puede sostener de forma limpia solo con estos datos.
Pero tampoco sería serio decir lo contrario, como si después de una regularización el sistema se relajara. No. Lo que muestran las cifras oficiales es que, después de la regularización de 2005, España siguió expulsando y, de hecho, en los años posteriores volvió a alcanzar niveles muy altos de expulsión ejecutada.
Por eso, mi lectura profesional es ésta: una regularización extraordinaria puede dar papeles a muchísimas personas, pero también sirve para redefinir quién queda dentro y quién queda fuera. Y quien queda fuera puede quedar más expuesto después.
El problema: no hay una estadística pública clara de expedientes incoados tras la regularización de 2005
Esto también hay que decirlo. Si alguien busca una tabla oficial del tipo “expedientes de expulsión abiertos en 2006, 2007, 2008 y 2009 contra personas no regularizadas tras el proceso de 2005”, esa tabla no está publicada de forma clara y sistemática en abierto.
Newtral explica que tuvo que obtener por transparencia datos sobre expulsiones abiertas, autorizadas y ejecutadas, precisamente porque esa información no se ofrecía con normalidad. Y EFE también recuerda que el Ministerio del Interior no ofrece los datos oficiales de expedientes iniciados de forma abierta en su comunicación habitual.
Por tanto, yo aquí prefiero no inventar. No puedo darte una cifra oficial cerrada de “todos los expedientes abiertos justo después de la regularización de 2005” como si ese dato estuviera perfectamente publicado. No lo está.
Lo que sí sabemos hoy: España dicta muchas órdenes, pero ejecuta muchas menos
Y aquí está una de las claves más importantes para entender lo que puede pasar después de esta regularización.
Según EFE, en 2024 España dictó 51.025 órdenes de salida del territorio, pero efectuó 3.915 retornos forzosos y una cifra similar de retornos voluntarios. La misma información añade que en 2024 se ejecutaron 3.031 expulsiones, por debajo de las 3.091 de 2023, y muy lejos de las 13.278 de 2009.
Esto demuestra algo que yo repito mucho: en España abrir o acordar una salida es mucho más fácil que ejecutar realmente una expulsión. Entre medias hay recursos, problemas de documentación, solicitudes de asilo, falta de cooperación consular, límites judiciales y una capacidad material muy restringida.
Entonces, ¿por qué yo mantengo mi advertencia?
Porque no hace falta que se ejecuten todas las expulsiones para que la situación de quien se queda fuera empeore.
Una persona puede no ser expulsada inmediatamente y, aun así, quedar atrapada en una situación peor: con más controles, más propuestas de sanción, más expedientes, más dificultad para defender su arraigo, más problemas para trabajar y más vulnerabilidad frente a cualquier incidencia penal o policial.
Y eso, jurídicamente y humanamente, ya es grave.
Por eso mi advertencia no es “después de la regularización van a expulsar a todo el mundo”. No. Mi advertencia es más seria y más realista: después de la regularización puede aumentar la presión sobre quienes no logren regularizarse, aunque no todas las órdenes se conviertan en expulsión efectiva.
Mi preocupación más seria: antecedentes penales, fichas policiales y expedientes mal valorados
Éste es el punto que más me preocupa de verdad. Porque cuando la Administración tramita miles y miles de expedientes en poco tiempo, el riesgo de simplificar los casos aumenta muchísimo.
Y ahí es donde temo que una parte importante de personas quede fuera por antecedentes penales ya cumplidos, por fichas policiales que no deberían tener un valor automático o por valoraciones hechas sin el nivel de detalle que exige un caso de extranjería.
Yo no comparto esa lógica. Una persona que ya cumplió condena no debería arrastrar una condena eterna. Y una mera referencia policial no debería operar como una sentencia encubierta. Pero precisamente por eso creo que muchos casos deben revisarse bien antes de presentar.
Qué conclusión saco yo de las cifras históricas
Yo saco tres conclusiones.
La primera: regularizar sí puede beneficiar a cientos de miles de personas, como ocurrió en 2005. :contentReference[oaicite:12]{index=12}
La segunda: después de esa regularización, España siguió expulsando y volvió a subir con fuerza en los años posteriores, con 9.467 expulsiones en 2007, 10.616 en 2008 y 13.278 en 2009.
La tercera: hoy sabemos además que el sistema español genera muchas más órdenes y procedimientos de los que finalmente puede ejecutar. Por eso, el riesgo real no es solo la expulsión consumada. El riesgo es también quedar dentro del radar sancionador, en una situación más frágil y más difícil de corregir después.
Mi recomendación profesional
Yo no esperaría. Si esta regularización te puede encajar, muévete ahora. Porque la experiencia me dice que, cuando el Estado abre una ventana extraordinaria y una persona la deja pasar, luego todo se vuelve más duro.
No porque automáticamente ejecuten todas las expulsiones. Eso no pasa. Sino porque aumenta la exposición al control, a los expedientes y a decisiones administrativas desfavorables. Y si tu caso además tiene incidencias penales, policiales o problemas de prueba, el riesgo práctico es mayor.
Ésta es la parte seria que nadie debería maquillarte.
Preguntas frecuentes
¿Existen datos oficiales claros sobre cuántos expedientes de expulsión se abrieron justo después de la regularización de 2005?
No de forma pública, clara y sistemática como serie cerrada y fácilmente accesible. Lo que sí existe con más claridad son datos de expulsiones ejecutadas y, en años recientes, órdenes de salida y retornos efectivos.
¿Después de la regularización de 2005 bajaron las expulsiones?
No de forma sostenida. Tras 7.214 expulsiones en 2006, las cifras oficiales subieron a 9.467 en 2007, 10.616 en 2008 y 13.278 en 2009. :
¿Eso prueba que la regularización causó más expulsiones?
No de forma automática. Sería una simplificación. Pero sí demuestra que regularizar no desactiva el aparato sancionador y que, en los años posteriores, las expulsiones siguieron siendo muy relevantes.
¿Hoy España expulsa a todo el mundo al que abre expediente?
No. Hoy España dicta muchas más órdenes de salida de las que consigue ejecutar. En 2024 dictó 51.025 órdenes de salida, pero los retornos forzosos fueron 3.915 y las expulsiones ejecutadas 3.031.
Mi conclusión
Yo no quiero hacer un artículo de ruido. Quiero hacer un artículo útil. Y lo útil aquí es decir la verdad completa.
No tengo una estadística oficial perfecta que me permita afirmar cuántos expedientes de expulsión se abrieron exactamente por no haberse regularizado tras 2005. Eso no está publicado así de claro. Pero sí tengo datos suficientes para afirmar algo importante: después de la gran regularización de 2005, España siguió expulsando y en los años siguientes volvió a cifras muy altas.
Por eso, mi opinión profesional es que nadie debería tomarse esta regularización como algo opcional o secundario si realmente puede acogerse. Porque quedarse fuera no significa necesariamente ser expulsado mañana, pero sí puede significar quedar más expuesto, más controlado y más vulnerable.
Y eso, en extranjería, ya es una advertencia muy seria.
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