Ni ilegales ni regalados: lo que no te cuentan sobre migración

Ni ilegales ni regalados: lo que no te cuentan sobre migración

Cada vez me resulta más difícil permanecer en silencio cuando leo ciertas afirmaciones tan rotundas sobre la migración. No por enfado. No por tener la verdad absoluta. Sino porque cada día compruebo, con más fuerza, que opinamos mucho y escuchamos poco, que juzgamos desde la distancia y que nos cuesta reconocer lo que no sabemos.

Trabajo a diario con personas extranjeras. Personas migrantes. Personas que cruzaron fronteras con lo puesto, otras que vinieron con visado y acabaron atrapadas por la burocracia, otras más que han nacido en España y aún así tienen que “demostrar” que pertenecen. Trabajo con leyes, con expedientes, con resoluciones judiciales, con oficinas de extranjería, con consulados, con registros civiles. Y aun así, no lo sé todo. Sigo aprendiendo. Y sigo dudando.

Nunca he estado en Sudán, ni en Níger, ni en Mauritania, ni en Nigeria. Nunca he hecho trabajo de campo en esas rutas migratorias. No he cruzado el desierto en una camioneta. Pero he escuchado con atención los testimonios de quienes sí lo han hecho. He leído sus informes médicos, sus resoluciones de expulsión, sus denegaciones de asilo. He visto sus rostros y también sus silencios. Y con eso, sí, me he hecho una idea. Pero incluso con esa idea, no me atrevo a emitir un juicio totalizador sobre lo que significa migrar desde esos contextos.

Y eso sin entrar en otro terreno aún más complejo: las personas que han tenido antecedentes policiales o penales. Porque también hay un discurso instalado —simplista, inmediato, inclemente— que dice que quien ha tenido un problema con la justicia, ya no tiene derecho a nada. Que debería “irse a su país”, que “no merece los papeles”. Y yo me pregunto: ¿quién puede hablar con esa seguridad si nunca ha estado en una situación así? ¿Quién puede decir que alguien no merece rehacer su vida sin conocer su historia completa?

Las normas existen también para permitir el perdón jurídico y social. En nuestro sistema, los antecedentes penales pueden cancelarse. Los policiales también. Existe el principio de no ser perseguido dos veces por el mismo hecho. ¿Por qué entonces condenamos moralmente a una persona más allá de lo que la ley establece? El derecho no solo castiga: también ofrece vías para reparar, reconstruir y volver a empezar.

Yo veo cada día consultas de personas que han tenido problemas. Algunas cometieron errores, otras fueron víctimas de contextos complejos. No se trata de decir que todos son “buenas personas”, pero tampoco de decidir desde fuera quién sí y quién no tiene derecho a una segunda oportunidad. Las normas están para cumplirse, sí, pero eso incluye también las que protegen derechos, las que reconocen trayectorias, las que apuestan por la integración y no por la exclusión perpetua.

Tampoco podemos seguir ignorando algo que quienes trabajamos en migración sabemos de primera mano: hay personas a las que se les niega el visado aun cumpliendo todos los requisitos legales. Porque existen políticas migratorias que no siempre responden al marco normativo, sino a intereses geopolíticos, filtros arbitrarios, o decisiones que nunca se explican. Existen migrantes de primera y migrantes de segunda. Y eso no lo dice un discurso ideológico, lo dicen los hechos.

Por eso me cuesta tanto hacer juicios rápidos. Porque incluso cuando tengo toda la información administrativa de una persona, incluso cuando conozco su expediente completo, hay cosas que no sé. Hay partes de su vida que no están en los papeles. Y si eso me pasa a mí, que me dedico a esto, ¿qué no pasará con quien opina solo desde lo que escucha por televisión o repite de otros?

Siento que estamos perdiendo algo esencial: la capacidad de parar antes de opinar, de investigar antes de juzgar, de informarnos antes de hablar. En un mundo que te exige tener postura para todo, prefiero dudar. Prefiero seguir preguntando. Porque la migración no es un fenómeno que se pueda resumir en una frase, ni en un eslogan. Y mucho menos, en un prejuicio.

¿Qué sabemos realmente? ¿Sabemos lo suficiente como para emitir juicios morales, administrativos o sociales sobre personas cuyas vidas no conocemos? ¿O simplemente repetimos lo que alguien más nos enseñó a decir?

Yo prefiero la incomodidad de la pregunta antes que la comodidad de la condena.

 

Agenda ya tu cita con nuestro equipo. Analizaremos tu solicitud, evaluaremos tu situación procesal y te diremos exactamente qué puedes hacer para realizar tus trámites de extranjería, nacionalidad o asilo.
Porque incluso en los casos más difíciles, hay soluciones si actúas a tiempo.

Consulta gratuita sobre extranjería:
Rellena este formulario:
Formulario de consulta gratuita de extranjería

Consulta gratuita sobre nacionalidad española:
Completa este formulario:
Formulario de consulta gratuita de nacionalidad española

Pasos para obtener tu consulta gratuita personalizada de 15 minutos online

Suscríbete a nuestra Newsletter
Al suscribirte, recibirás:

  • Promociones exclusivas
  • Novedades y actualizaciones sobre procesos migratorios.
  • Acceso a consultas gratuitas personalizadas de 15 a 30 minutos (presencial o por videollamada).
    👉 Suscríbete aquí

Síguenos en redes sociales
Mantente informado con los mejores consejos y actualizaciones legales:

Regálanos 5 estrellas
Agenda tu cita aquí

Nota importante:
Para que podamos atenderte en el horario programado, recuerda suscribirte a la newsletter antes de la cita. Este paso es imprescindible para validar tu consulta gratuita.

Comentar

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

dos × 3 =